9/7/08

VACÍOS, SOLOS Y SUCIOS


Desasosiega pensar que no hemos de encontrar fuera del espacio de nuestros hogares, en donde nos creemos a resguardo de los vaivenes de todos los días y en todos los órdenes, un minuto al descanso, que siempre habremos de mantenernos en guardia para contrarrestar los ataques de los otros, alimentando nuestra tensión interior, pretendiendo estar alerta y defendernos con nuestras propias armas de quienes no cesan de ponerse por delante de nosotros, ir comiéndose nuestro espacio de afuera, el lugar social en el nos hemos venido situando.



Somos animales de posición, estamos habrientos con mayor o menor dolor de estómago y retortijón, de acaparar más, y nunca más de lo que creemos tener ya, sino, por comparación, de lo que vemos conseguir al resto porque parecemos estar hechos de una materia de insatisfacción y contento plenos.



Somos ciegos del disfrute que pudiera ofrecernos nuestra circunstancia y andamos por el mundo careciendo del respeto que nos debiera producir arriesgarnos a perder o a no seguir ganando de lo que poseemos. Nuestra voluntad de abarcar nos conduce a la irreflexión, a la imprudencia, a la falta de moralidad o ética, al avasallamiento y hasta la impiedad con quien nos estorbe. No curamos de nada ni de nadie si nos hemos trazado una meta, vivir se convierte en una competencia abierta que, no siendo singular, individual sólo, arrastra con todo.

Nos transformamos en enemigos y dejamos instalarse en nosotros una profunda desconfianza sobre los actos de los demás. Leemos dobles sentidos en sus mensajes, interpretamos intenciones camufladas en sus demostraciones; contemplamos su falsedad con la impotencia de la envidia que nos genera constatar que desearíamos posicionarnos del mismo modo, porque queremos vivir los efectos beneficiosos de aparentar para recibir en compensación, situándonos cerca de quien otorga, ordena, manda, influye o de quien está cerca de quien pueda hacerlo.



Disfrutamos de nuestra hipocresía, nos burlamos de la incapacidad que queremos ver en los otros, nos crecemos. Buscamos ser más oídos, considerados siempre, mejor atendidos, supervalorados. Hasta deseamos que los demás dependan un poco de nosotros para convencernos de que a cualquier nivel podemos ejercer el poder que no desplegamos en otros, porque estos lo ejercen sobre nosotros.



Visualizamos una pirámide en la que no concebimos situarnos en la base y desde cuyo pico soñamos expulsar a cozazos a ineptos y displicentes. Tan sólo somos capaces de aceptarnos a nosotros. No al resto. No hay cabida.

Ensucíamos nuestro camino de cadáveres, dejamos de estar acompañados porque les alienamos a nuestro paso.

No hay novedad en esto.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo con tanta melancolia. En nuestra vida si hay cabida para otras personas. Quizá tú no das cabida a otras personas.
Ella

CARLOS dijo...

No he debido explicarme con claridad, Ella. Hablo de luchas interpersonales de calibre social y no sentimental o afectivo. Entiendo lo que me dices, y agradezco tu toque de alerta, pero no podemos desvirtuar el mensaje con una conclusión parcial de lo que en mi escrito pretendo reflejar sin fortuna. Claro que hay cabida en nuestra vida, en nuestros afectos, para los demás. Pero vivir en sociedad significa estar enfrentado la mayor parte del tiempo con el otro, competir... Pero sobre todo esto no voy a repetirme. Lo he dejado plasmado de algún modo en el artículo. Dime si tú no te sientes en tu lugar de trabajo atacada por algún compañero que no te puede ver, o que desea tu puesto de trabajo? Dime si no hay un vecino, en tu bloque, en tu urbanización o en tu residencia de verano, que no te mira com envidia, o si no has experimentado nunca, en algún momento de tu vida, que competías con un amigo o amiga por conseguir algo de alguien, o que no has pretendido nunca, llevada por tus circunstacias personales a situarte por encima de otros candidatos a alho anhelado por tí misma? No sé si a muchas de estas preguntas podrás tú contestar que no.

Anika dijo...

Yo sí estoy de acuerdo, respondiendo al comentario que deja "anónimo" no creo que lo haya escrito haciendo alusión a que todos hacemos eso y que siempre pasa eso, si no, que en general, hay veces en que la gente se comporta de ese modo. ¿Me equivoco con la intención?

Respondiendo al comentario que dejaste en mi blog; hice el montaje con el "cyberlink power director" Sí, te lo puedes descargar gratis, pero tiene 30 días de prueba y luego tienes que activarlo con un código, un amigo me buscó el código y tengo que probarlo a ver si sirve. Es un programa muy completo lleva de todo, es muy sencillo de utilizar también y es compatible con todos o casi todos los dvds que yo sepa.
Y no importa que hayas irrumpido en mi blog, me encanta. UN besito.

CARLOS dijo...

Gracias Anika! En efecto van por ahí mis tiros...
Un saludo

Anónimo dijo...

Carlos no me referia sólo a temas afectivos o sentimentales como dices. Creo que más bien es una cuestión de visión de las cosas que te rodean. Puedo contestar que no a muchas de las preguntas que me haces, pero a las que contesto que si no me situan en una concepción de que la mayor parte del tiempo me encuentro en enfretamiento con los demás. No. Supongo que son diferentes formas de encarar la vida. Por eso te decía que no entiendo tanta melancolía.Ella

CARLOS dijo...

No entiendo que no entiendas que mi crítica no es la de quien se ve en continuo enfrentamiento con la realidad que me rodea. Si soy crítico con ella, o si pretendo serlo es porque compruebpo que es un día a día inevitable del que hay que tener noticia, estar alerta y cuuidarse muy mucho. Afortunada tú que no entiendes la melancolía y que no te enfrentas a lo que no te excluye. Quizás tú estés en la cima de la pirámide...? Mi vida, en otro orden de cosas, es también otra cosa y lo que aquí quiero dejar reflejado es sólo otra cosa también. Por todas tus palabras, Ella, agradecido. Es tu anonimato la máscara desde la que observas llorar al resto a veces?

Francisco Javier Nieto & María Pescador dijo...

Esta situación de competición continua considero que se circuscribe únicamente al ámbito laboral, y quiero creer que los "codazos" se refieren aquí a las diferencias curriculares entre unos aspirantes y otros a un puesto de trabajo o a mejoras en el mismo. Lo considero lícito, ya que fuera de este ámbito pocos son los que valoran la formación profesional o humanística de una persona.
Por desgracia, fuera del trabajo, la gente que no te aprecia por tu persona "monda y lironda" tampoco lo hace por tus conocimientos, que has cultivado primorosamente durante toda la vida (si tienes la suerte de tener la conciencia de cultivar la Razón y el Alma), sino que te catalogan por cosas tan burdas como los metros cuadrados de tu casa, la cilindrada de tu coche o la marca de tu camisa, y dentro de su derroche amoral se permiten el lujo de no haber leído a Trasímaco o llorado con una copla de pie quebrado de Manrique,o levitado con un Impromptus de Chopin.
Recuerda que solo ofende, ataca o compite quien puede. Sólo se ensucia quien lo desea y nada más se queda solo quien lo merece.Hay que permanecer vacíos, pero de lastres absurdos.